Samuel Maldonado Bautista   

No recuerdo cuántos artículos he escrito relacionados con las drogas, pero ya son varios y, sin embargo, el tema dá para continuar escribiendo, no solamente de los daños que causan el consumo en exceso, sino de los colaterales, mismos que se presentan en todo el proceso de su producción, de la comercialización y, desde luego, de los altos costos empleados para la reparación y cuidado de los graves daños que provoca el consumo en exceso. 

 

En la actualidad, aun cuando su producción es prohibida,  no inhibe al consumidor; éste no disminuye su consumo y antes bien, el mercado se extiende por todo el territorio nacional sin excepción de Estado o población alguna  y llega mucho  más allá del  Norte de nuestro país. 

En México y en general en Latinoamérica, los costos desde la  producción hasta la comercialización, son relativamente muy económicos, pues la paga a los campesinos por la siembra, el cuidado y la cosecha, son una miseria, de tal manera que esas labores, en las que arriesgan su propia vida, apenas les permite para irla llevando o para sobrevivir.

En contra parte de los bajos costos de esta cadena productiva, las ganancias son enormes y los peligros en la siembra, en el cuidado de la misma, en su distribución y exportación ilegal, seguramente que son grandes para quienes operan la cadena productiva, y les va mejor cuando, ya transformada, la trasladan y en ese largo camino, perecen muchos a manos de las fuerzas gubernamentales o de la guerrilla entre las diferentes bandas.  

El costo que el gobierno paga para impedir la cadena productiva, desde la cosecha, hasta su producción y su distribución, debe ser también enorme. No tengo idea de cuánto cuesta una hora en Helicóptero, ni el precio de estos aparatos que, con alguna frecuencia, aterrizan sin daños personales o son derribados y con ellos se apaga la vida de algunos soldados o marinos, dejando a madres  e hijos en el abandono total. Cuando lo anterior sucede, el gobierno de la República les brinda a los muertos, policías y soldados,  un homenaje e incluso, saludan a los muertos con una descarga de pólvora al aire, y tantán o batintín. El mismo gobierno, con frecuencia,  se hace el desentendido y las familias de los  muertos quedan al garete.

En los Espantados Unidos, que tiene el consumo de drogas mucho mayor que en México, no tiene la problemática que tenemos nosotros. ¡No tiene los muertos que nosotros tenemos, ni nosotros tenemos un presupuesto mayor al del vecino! para emplearlo en la rehabilitación de los adictos consumidores.

En cambio, el gobierno al Norte de nuestro país, tiene un tratamiento para disminuir la drogadicción y eroga  “más de medio billón de dólares, anuales” en ese empeño; es decir, quinientos mil millones de dólares, si mis cuentas no me fallan. Desde luego que el tratamiento es mucho menos costoso que los daños que provoca la drogadicción (dicen los expertos en esta materia). Ahora bien, la información que da el Instituto Nacional sobre el abuso de drogas  (National Institute on Drug Abuse), de los EE.UU, me doy cuenta que el tratamiento y prevención  del uso de las drogas, cito al NIH: “Es mucho menos costoso que sus alternativas, como es la persecución , investigación y el encarcelamiento de los adictos, pues un año de prisión cuesta aproximadamente  al gobierno  vecino, la cantidad de $24,000 dólares por persona, mientras que un año de tratamiento con Metadona le cuesta  $4700.00  dólares, por paciente”.

Las estadísticas nacionales nos indican que el número de muertos ocasionados  por la guerra contra las drogas, son en nuestro país, mayores al número de muertes ocasionadas por la guerra que tuvo Siria, en el año de 2016. Solamente en el periodo del Hijo desobediente, tuvimos poco más de 60,000 muertes en la llamada guerra de Felipe.