Investigadores del Laboratorio de Neuromodulación de la BUAP explican la relación entre nicotina, producción de dopamina y cambios neuroadaptativos
El consumo de nicotina aumenta los niveles de dopamina, alcaloide, que produce mayor atención e incrementa la actividad locomotora en las personas. Su consumo prolongado genera cambios neuroadaptativos en la corteza cerebral.


La nicotina es un alcaloide considerado una droga. Al llegar al cerebro puede aumentar la cantidad de dopamina a nivel celular e incrementar la excitabilidad neuronal, efectos que a largo plazo generan cambios neuroadaptativos en la corteza cerebral y en su comportamiento. Por ejemplo, ser sobreestimulados por situaciones simples, como actuar de forma agresiva ante estímulos cotidianos como un saludo. Así lo señalan científicos del Laboratorio de Neuromodulación del Instituto de Fisiología de la BUAP.
La depresión, cambios bruscos y profundos de conducta, incluso actos como la masacre de la Escuela Secundaria Columbine, en Colorado, perpetrada hace once años por dos adolescentes con problemas psicológicos que mataron a 13 personas, hirieron a 24 y finalmente se suicidaron, son estados psicóticos cuyo origen se vincula con la alteración de la neuroquímica derivada del uso de drogas –como la nicotina- y los constantes estados de tensión emocional a los que se exponen las personas hoy en día.
El titular del Laboratorio de Neuromodulación, Jorge Luis Valente Flores Hernández, Premio Estatal de Ciencia y Tecnología 2010, afirmó que la híperexcitación de las personas es un efecto crónico y neuroadaptativo de la ingesta regular de algunas drogas y la exposición constante a entornos hostiles que favorecen estados de sobre estimulación neuronal, mismos que modifican la corteza cerebral.
Estas conclusiones fueron resultado de sus proyectos de investigación centrados en “Los efectos de la nicotina directamente sobre corrientes iónicas activadas por el neurotransmisor excitador, conocido como Glutamato”. El grupo de investigación, liderado por el doctor Flores Hernández, buscó conocer cómo el consumo de tabaco, principal modo de ingesta de la nicotina, o la administración subcutánea en ratas adultas por mediano tiempo, puede generar cambios neuroadaptativos que se traducen en alteraciones emocionales y conductuales.
Muchas de las moléculas más importantes para el funcionamiento bioquímico del ser humano utilizan nicotina -Nicotiana tabacum- o sus derivados, como la moléculas NAD –dinucleótido de nicotinamida y adenina. Mientras que ésta se encuentra en cada una de las células humanas, en el medio ambiente no hay nicotina libre, por ello se consume a través del cigarro. La nicotina actúa por la activación errónea de receptores del neurotransmisor acetilcolina, agente neuromodulador en sistema nervioso central y el causante de la contracción muscular en músculo estriado.
Flores Hernández ejemplificó los efectos de la nicotina con el caso de las madres fumadoras y gestantes: “si la mamá fuma, la nicotina genera cambios neuroadaptativos en el embrión, mismos que se hacen evidentes cuando la persona llega a edad adulta, pues sus corrientes iónicas neuronales son más grandes, incluso duplican a los de los seres humanos con actividad iónica normal”.
Cada vez que una célula permite el movimiento de iones, éstos pueden aumentar su excitabilidad o estrés y realizar más rápido su función, que en el caso de las neuronas, tienen que ver con el pensamiento y las emociones.
La nicotina eleva en las neuronas los niveles de estrés, pero también de dopamina que dota de mayor capacidad de atención a las personas e incrementa la actividad locomotora, por lo que llega a generar estados de adicción por la acción de la dopamina en el centro de placer en nuestro cerebro.
No obstante, el consumidor regular de tabaco irá requiriendo de mayores dosis para satisfacer esas necesidades que en muchas ocasiones se asocian con el placer.
La relación entre la excitabilidad neuronal con estados de hiperactividad neuronal fue encontrada gracias a los trabajos que realizan en el Laboratorio de Neuromodulación, con los que buscan comprender la acción de la dopamina, acetilcolina, serotonina y noradrenalina, responsables de las principales emociones del ser humano. “Hablar de drogas es hablar de emociones, pues para que sean adictivas deben generar una emoción”, precisó Jorge Luis Valente Flores.
La nicotina y su relación con la sustancia del amor: la dopamina
“Cada vez que se consume nicotina externa, el alcaloide viaja a través de la sangre y llega al cerebro, aumenta la actividad de las neuronas que producen dopamina: una molécula que ayuda a las personas a centrar su atención, enfocar. Efectos que también producen las anfetaminas y la cocaína”, precisó el investigador.
La nicotina actúa sobre la neurotransmisión glutamatérgica que afecta a la liberación de dopamina en el sistema mesocorticolímbico. El glutamato, forma ionizada de ácido glutámico, es el neurotransmisor excitatorio por excelencia de la corteza cerebral humana.
Cada vez que estimulamos las células, éstas se protegen de la sobre estimulación, ya que de ser hiperexcitadas, las células pueden llegar a morir. Hay sistemas de protección que evitan que las neuronas se sobre estimulen, así como cuando una persona, a fin de evitar un ruido estruendoso, se cubre los oídos con las manos. Las células han utilizado estos procesos de protección desde hace 3 mil 600 millones de años.
El académico informó que estos procesos forman parte de la capacidad de respuesta vital, “la vida genera todos estos mecanismos”. En el caso de las neuronas del ser humano, cuando se sobreestimulan tienen procesos que la protegen.
Este proceso permite entender las bases del funcionamiento de cada célula. En el caso de las neuronas, cuando la nicotina entra, aumenta la dopamina y por consecuencia incrementa el estrés pero a dimensiones aceptables.
Otro de los agentes que tiene importantes implicaciones en las dinámicas neuronales son los ambientes de alta tensión psicológica y emocional, pues si se somete a las personas a este tipo de situaciones de una forma constante, independientemente si son fumadores o no, su comportamiento cerebral sufrirá modificaciones. La violencia, el desempleo, la inestabilidad social y económica, entre otros estados de tensión, han modificado las formas de pensar.
“Si lo único que vemos en la televisión es gente llorando, o sólo escuchamos que hubo matanzas, el cerebro lo asimila y libera moléculas naturales en nuestro interior que hacen que el sujeto viva en un estado emocional de alerta constante, en un estado de miedo al salir a la calle, una emoción causada por moléculas que habitan en cada uno de nosotros. Es un proceso mental que está elevando la molécula que me origina un cambio del tipo neuroadaptativo”, finalizó.